Esta semana he estado leyendo el último informe PISA con una pregunta bastante menos ambiciosa que decidir si nuestro sistema educativo funciona o no funciona.
¿Qué puedo cambiar yo en mis clases?
Porque si PISA sirve únicamente para construir un ranking de países, discutir qué comunidad autónoma queda delante de otra o buscar rápidamente un culpable, probablemente nos sirva de bastante poco.
PISA 2025 evalúa a jóvenes de unos quince años. En España, el 77 % del alumnado participante estaba estudiando 4.º de ESO. Y no les pregunta simplemente qué recuerdan de Matemáticas, Lengua o Ciencias. Intenta comprobar si son capaces de utilizar lo que saben cuando tienen delante un problema que exige comprender información, relacionarla, interpretar datos y tomar alguna decisión.
Los resultados no son buenos.
España obtiene 477 puntos en ciencias, 451 en lectura y 457 en matemáticas, por debajo del promedio de la OCDE en las tres competencias. Más preocupantes resultan los datos de la Comunitat Valenciana: 450 puntos en ciencias, 424 en lectura y 435 en matemáticas.
Pero me interesa bastante más lo que hay detrás de esos números.
PISA muestra dificultades crecientes para enfrentarse a textos y problemas que necesitan atención sostenida. La OCDE ha encontrado un aumento de las respuestas rápidas pero incorrectas y un empeoramiento mayor en las partes finales de las pruebas. No significa que exista una única explicación —la propia OCDE advierte de que no la hay—, pero sí plantea una pregunta interesante.
¿Nos estamos acostumbrando a responder antes de haber comprendido?
La pregunta resulta especialmente pertinente en una asignatura como Economía.
Imaginemos algo muy sencillo.
Una tienda anuncia un descuento del 30 %. Otra ofrece un 20 % y posteriormente otro 10 % adicional.
¿Cuál es más barata?
Una entidad ofrece un préstamo con una cuota mensual menor que otra.
¿Significa eso necesariamente que el préstamo es mejor?
Nuestro sueldo aumenta un 3 %, pero los precios aumentan un 4 %.
¿Somos más ricos?
Una inversión ha obtenido un 12 % de rentabilidad este año.
¿Es una buena inversión?
Ninguna de estas preguntas se resuelve memorizando una definición. Primero hay que entender qué nos están diciendo. Después debemos seleccionar los datos importantes, realizar algún cálculo, interpretar el resultado y, finalmente, justificar una decisión.